La mentira de LA POSVERDAD

Buenismo fue el titular de la editorial de la penúltima edición. “Buenismo” y “posverdad” son dos nuevas palabras que el Diccionario de la Real Academia Española acaba de incluir en su última actualización de finales de diciembre del pasado año. Una y otra tienen cierto parentesco. La RAE define posverdad de la siguiente manera: distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales. Para terminar señalando que los demagogos son maestros de la posverdad.

“Los demagogos y populistas son maestros de la posverdad: en manipular la realidad a través de las emociones”

Sobre “ese (sospecho) buenismo” dejamos claras algunas cosas. Por ejemplo, que este tipo de personas son los ingenuos de toda la vida. Pero no nos engañemos: ingenuo no es sinónimo de inocente. Los (que van de) buenistas vendrían a ser esas “almas bellas” con la que el filósofo alemán Hegel se refería irónicamente a aquellos individuos que no ven nada malo o negativo por ningún lado, lo cual no es bueno. ¿Saben por qué? Porque negar o disfrazar la realidad, consciente o inconscientemente, son dos formas de no cambiarla. El buenista se limita a vestirla siempre de rosa. Para los buenistas, la realidad es un reflejo de su impoluta perfección, ¡faltaría más! De manera con la ética de la buena intención pueden mantener a salvo (reprimida) su personalidad narcisista. Que es la que subyace tras su necedad.

La fachada de cándida felicidad con la que sobreactúa el buenista contrasta con la frustración, bien consciente, del neurótico. Narcisismo y neurosis son dos estructuras distintas. La persona que padece de neurosis sufre debido a que la realidad le resulta insoportable, por lo que a su manera trata de (medio) escapar de la misma ¿Cómo? Refugiándose en su mundo interior y construyendo en él castillos de fantasía. Pero quiere que le dejen en paz en su privacidad. Al buenista, por el contario, le encanta el postureo, venderte su película: la realidadficción que tratarán de imponer desde su pretendida superioridad moral. Así que estos últimos, imbuidos de semejante altanería se ponen evangelizar a todo dios con el absolutismo intransigente de la certeza arrogante de sus convicciones.

Imagínate que uno de los invitados que sientas a comer a tu mesa es devoto practicante animalista, vamos un buenista. En tal caso, ¡ni se te ocurra comer carne delante suya!, a menos que quieras que te amargue la fiesta con sus peroratas. Ah, y no llames perro a tu perro ¿Me sigues…? Aunque por otra parte, para qué desanimarte: hagas lo que hagas te encontrará un falta. Da igual que solo sirvas verduras y dupliques lo que digas poniendo el género femenino para evitar conflictos; igualmente te la liará por cualquier detallito que se te pase, tipo presentar a tu perro o gato como tu mascota “¡Nada de mascota – te explicarán haciéndote parecer un burro- es un miembro/miembra más de la familia y como tal tienen nombre propio…!”. Trata de cuestionarles sus verdades y arderás en la cólera de la nueva religión de la verdad: lo “progre”. ¿Queda claro? Qué más da si, por una de esas casualidades de la vida, ellos (mal)tratan a sus compañeros sentimentales o de trabajo como si fuesen animales cuando se acabe la función y les traicionen sus hipócritas principios morales, ¿verdad?

A los portaestandartes de la posverdad, cuyos más fieles adeptos suelen encontrase entre los líderes políticos, la realidad de los hechos les trae directamente sin cuidado. Lo verdaderamente importante para ellos no es la realidad fáctica sino la verdad: la suya, claro. Lo que les interesa es la versión sesgada y capciosa de los acontecimientos que quieran presentarte. Si éstos no encajan con sus programas ideológicos, los apartarán o/y retorcerán a su antojo. Lo que haga falta para que confundamos historia con propaganda. No, no están locos: conocen la realidad pero se la pasan por el forro de su ideología. Sí, saben los límites, pero se los saltan, por eso que su posición es perversa. Los gurús de la política catalana erigiéndose esperpénticamente en sumos sacerdotes de la Ley, con el (pretendido) derecho a decir de unos pocos sobre lo que es de todos: la soberanía nacional, son un triste ejemplo que ilustra muy bien este nuevo concepto de la RAE.

Recuerden que los demagogos son maestros de la posverdad. Y que, por tanto, no escatimarán en esfuerzos para manipularte. ¿Cómo? A través de su arma más barriobajera: el sentí-miento. Te enredarán emocionalmente con sus mentiras emotivas, hasta confundirte con su mezquina retórica de pacotilla. Exactamente la misma estrategia que utilizan los líderes populistas. Unos y otros juegan con tus sentimientos y emociones para llevar el ascua a su sardina. Sus políticas no buscan el bienestar o el progreso, y menos que menos el tuyo en particular -¡quítate eso de la cabeza!- Lo que les interesa de ti son tus votos. Lo tienen bien claro: cuantas más ovejitas más poder. En lugar de protegerte y hacer que tengas una mejor calidad de vida, viviendo en paz y armonía, te embaucarán miserablemente hasta conseguir sus fines. Y es que el pensamiento único de la posverdad no distingue entre sistemas democráticos o dictatoriales.

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