El saber y la verdad

Cuenta una historia que el diablo y un amigo iban caminando por la calle cuando vieron frente a ellos cómo un hombre se detenía y recogía algo del suelo, lo miró y lo guardó en su bolsillo. El amigo le preguntó al diablo: “¿Qué recogió ese hombre?”. “Recogió un trozo de la Verdad”, le contestó el diablo. “Eso es entonces mal negocio para ti”, dijo su amigo. “Oh, no, en absoluto”, replicó el diablo, “voy a dejar que la organice”. Así comenzó Jiddu Krishnamurti su discurso de disolución de La Orden de la Estrella de Oriente, fundada en 1911, para proclamar el advenimiento del Instructor del Mundo, del que él fue designado máximo dirigente.

“La Verdad es una tierra sin caminos”, sentenció. No es posible acercarse a ella por ningún sendero ni atajo, a través de ninguna asociación, religión o secta de ningún líder ni gurú…

Allá por 2013, titulé la editorial La razón y la verdad. En ella contaba otro relato: el de un rabino chaquetero, ¿recuerdan? Se trataba de una pequeña historia narrada por el doctor Jaime Szpilka, médico psiquiatra y psicoanalista, en su libro Creer en el inconsciente. Se la resumo. En una pequeña aldea, un matrimonio decidió consultar por separado al rabino para solucionar sus problemas de pareja. Tras escucharles en varias ocasiones, el rabino terminaba dándole la razón a cada uno de los cónyuges. Cuando marido y mujer comprueban atónitos su proceder, deciden poner una queja a su superior. Éste lo llama al orden pidiéndole explicaciones por tan frívolo e insensato comportamiento, a lo cual el rabino responde: “solo les dije que tenían razón, no la verdad” ¿Se entiende? Acabé aquel escrito dejando para otra ocasión la diferencia entre saber y verdad, que tampoco son lo mismo. Cinco años después, quizás sea un buen momento para cumplir lo prometido.

Otro médico, también psiquiatra y célebre psicoanalista, Jacques Lacan, en su compleja renovación de la Teoría del Inconsciente, abordó en profundidad esta diferencia. Para lo cual privilegiará la ignorancia, la docta ignorancia, como harían anteriormente Sócrates y Nicolás de Cusa. Sócrates promulgó con solemnidad: “Soy el hombre más sabio de Grecia porque solo sé que no sé nada”. Pero lo hizo con rigurosidad, sabiendo lo que decía. En el siglo XV, el antiaristotélico Nicolás de Cusa expondrá que la verdad se escapa al razonamiento humano, que tan solo a través de éste podremos llegar a saber qué ignoramos, puesto que la verdad como tal es imposible de aprehender.

 

Recopilamos parte del contenido de este trabajo. Puede disponer de la versión íntegra del mismo en la edición Nº 32 de la revista. Para su mayor comodidad suscríbase en cualquiera de sus modalidades: formato gráfico o digital, y la recibirá periódicamente en su domicilio o dispositivos electrónicos.

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