EVADIÉNDOME (el señorío de los Otros)

¿Cuándo fue la última vez que estuvo a solas? Sin prójimo alguno, sin un otro semejante que le acompañe. ¿Se acuerda? Sin esos mil amigos y amores ni el aplauso de la noche, como reza la letra de esa preciosa canción de Julio Iglesias, Un hombre solo. ¡Sí, a solas! Que no completamente solo. Eso no se puede. Científicamente hablando, no existe el hombre solo. El ser humano es un animal social. Otra cosa es que sea sociable. Con el descubrimiento del inconsciente, se produjo una ruptura entre psiquismo y conciencia, dejando de ser sinónimos. A partir de entonces, para explicar los mecanismos y el funcionamiento de nuestro aparato mental, hay que contar con una localidad psíquica a la que Freud llamó superyó. El superyó internaliza las normas consensuadas socialmente, aprendidas básicamente a través de nuestros padres en forma de herencia cultural, de ahí que no exista realmente una distinción entre el mundo y yo, y que sea muy difícil estar sin nadie, aunque estemos solos. ¿Se entiende?
(Querer) estar solo, con la menor gente de carne y hueso posible, es una elección -a veces muy conveniente, por ejemplo, para crear-. Sentir soledad en compañía también es otra decisión -tomada consciente o inconscientemente-. Elegir siempre elegimos. Esa es nuestra (maravillosa) condena: nuestra cadena perpetua, como nos enseñó Sartre (*lean la editorial anterior.) Pero volviendo a la pregunta del inicio: ¿Cómo fue esa experiencia cuando consiguió dirigir la mirada hacia su interior, de la forma que fuese, y permaneció a solas consigo mismo? ¿Qué observó? Lo normal, si no se tiene cierta práctica, es un ir y venir ensordecedor de pensamientos, ¿no es cierto? ¡Que ironía! Cuando al fin uno decide retirar-se del mundanal ruido para que le dejen en paz, en busca de sosiego, a menudo aterriza en una especie de mercadillo persa en medio de un insoportable griterío ensordecedor. A esa anarquía de pensamientos transitando como les viene en gana por nuestra mente, el budismo les llama “monos locos”. Es como si cientos de emisoras se activaran de repente en ¿su? mente. Esas voces son una prueba empírica de que usted no es el dueño de su casa, a menudo okupada por maltratadores.
Lacan distinguirá entre lo que llamamos la persona -el personaje, la máscara-, de la esencia del ser -el sujeto-, secuestrado por los procesos de identificación y manipulación ideológica.
Estamos tan entretenidos, ¿verdad? Tan distraídos, tan condicionados… ¡qué fácil despistarnos con lo que sea!, especialmente con aquello que evite el encuentro con nuestra subjetividad. Así, resulta complicada una cita con nuestro propio destino mortal, única vía para acercarse a las grandes preguntas y cuestionarse. Cosa que el programa no permite. ¡Que triste tanto vagabundeo! Semejante desfile de vidas inauténticas. Pero es lo que hay. Lo que han diseñado los Otros para que simplemente existamos, estemos sin más. El programa evita el verbo ser. Genera preguntas sin parar para que su cerebro esté ocupado. A los cerebros les encanta enzarzarse en cosas de poca monta porque en el fondo les cuesta pensar por sí mismos. El programa se activa por defecto. Por ejemplo: Un, dos tres, responda otra vez: ¿Cuál es la capital de Mozambique? ¿Con que país limita al norte? ¿Y al sur? Un, dos tres, responda otra vez: ¿Qué equipo de fútbol de Camboya ganó la liga en 1989? ¿Quién fue el pichichi? ¿Se le conoce alguna amante? ¿De qué color? Un, dos tres, responda otra vez: ¿Sabe si en Buffalo, condado de Wisconsin (USA), es una parida la paridad entre hombre mujeres en los cargos públicos? Y ¿si le llama “chucho” o mascota a su perro en presencia de otros caninos pueden arrestarle por animal?…
¿Me siguen? Hay que estar a la última, “enterado” de chismorreos y frivolidades, de habladurías y estupideces. Algo típico de las existencias inauténticas, como diría Heidegger. ¡Patético! La cultura, con mayúsculas, es otra cosa. Un hombre culto es alguien que, aun sabiendo que vive en Matrix, trata de ser un libre-pensador. Esa avidez de novedades a la que nos inducen, produce una errancia psíquica que nos hará súbditos de los poderosos otros. La liviandad se adueñará de su destino. Hablará por otras bocas creyendo que es la suya. Pensará, leerá, comprará, sufrirá, amará… según lo estimado, como lo políticamente correcto por el señorío de los otros. Señorío de los otros, hoy mayoritariamente representado por los medios de comunicación. Medios de (des)información: prensa, radio y TV, fundamental(ista)mente, a su vez al servicio de la ideología imperante: el gran Otro, haciéndole el caldo gordo con sus despojos. Los sujetos son sujetados a través de los medios de comunicación, expresará Foucault.
Y si lo tengo todo, volviendo al gran Julio, completamente todo, por qué cuando amanece, y me quedo solo, siento en el fondo un mar vacío, un seco río, que grita y grita que sólo soy un hombre solo. Léase un presentimiento, una posibilidad de escribir en primera persona mi propia historia. ¿Qué (sin)sentido hay en aturdirse y matar el tiempo, pues?: Evadiéndome, hoy aquí, mañana a otro lugar, persiguiendo estrellas que se apagan, inventado amores que se van, amores que se acaban apenas empezar, volando sin querer volar… destruyéndome. ¿Por qué ese desprecio a sí mismo?: Siempre huyendo de la realidad, no queriendo ver, que al final del día no estarás (Evadiéndome / J.Iglesias).

Evadiéndome, hoy aquí, mañana a otro lugar, persiguiendo estrellas que se apagan, inventado amores que se van, amores que se acaban apenas empezar, volando sin querer volar… destruyéndome. ¿Por qué ese desprecio a sí mismo?: Siempre huyendo de la realidad, no queriendo ver, que al final del día no estarás (Evadiéndome / J.Iglesias).

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ENKI es una revista producida y editada por "ENKI EDICIONES S.L.", y dirigida por el psicólogo clínico y psicoanalista José García Peñalver.