De la divinidad a la fiera utilidad

A partir de la contemplación de sus voluptuosas y pulidas curvas, talladas cuidadosamente sobre la piedra atemporal por nuestros ancestos de hace más de 25 000 años, las bellas efigies de las Venus de Willendorf y de Laussel, entre otras pequeñas representaciones femeninas de naturaleza similar, nos susurran un poderoso y atávico mensaje: ya en tiempos prehistóricos, la mujer es, por sí misma, diosa.

Los hallazgos arqueológicos nos demuestran con frecuencia que desde que se tiene constancia de civilización humana se ha venerado a la mujer, género lleno de misterio que reúne fortaleza y sensibilidad, intuición y perspicacia, ensoñación creativa y realidad práctica y prosaica de la necesidad del día a día. La mujer es emoción, cuidado, vínculo, elevación, gozo, desazón, influjo, voluntad sin fin ante la adversidad. La mujer es el alimento primordial, el primer amor universal. Y, sobre todo, la mujer ostenta la divina capacidad de ser madre.

Infinidad de artistas, poetas e importantes filósofos han encontrado su inspiración y objeto de estudio en la figura, ora real, ora conceptual o idealizada, de la mujer. Defendidas por Platón, cosificadas por Sartre, adoradas a través del macabro dolor de la pérdida por Poe, enaltecidas sensual y fogosamente por Neruda, Galeano, Benedetti… la mujer se convierte en musa, a veces fuego puro, a veces de naturaleza quebrada, líquida e insondable como en los sonetos de Shakespeare, en los dramas de Tennessee Williams y en la obra de artistas de la talla de Dalí, Picasso, Toulouse Lautrec, Van Gogh. Fascinando a autores y creadores con su deseo inacabable y fiero de respeto y autonomía, las mujeres se rebelan y revelan, se convierten en trágicas protagonistas de sus propios anhelos y confusiones en las novelas del realismo de 1800 y posteriormente en la gran pantalla, con y sin final feliz, como en La Dolce Vita o Desayuno con diamantes. Frágiles, incomprensibles e inalcanzables, pronto se populariza esta imagen de la mujer extraordinariamente bella y sensual, ansiosa de que la rescaten de sí misma y a un tiempo de huir de su rescatador, de la oscuridad del mundo que la rodea y de la que se genera desde su propio y apremiante miedo entremezclado con deseo.

De un modo u otro, la mujer, la feminidad como concepto sigue siendo reverenciada desde los tiempos de aquellas prehistóricas Venus matronas y protectoras de la fertilidad. Y es justamente por ese mismo interés y atracción hacia la imagen de la mujer, en toda cultura y contexto, que esta se utiliza, tan a menudo, como reclamo.

M.ª Concepción Pomar Rosselló
Lcda. en Filología Inglesa
Docente universitaria de literatura, gramática y lingüística en la Universidad VIU de Valencia
Asistente a Guía Montessori AMI por el IMMAC
Correctora tipográfica y de estilo por la Escuela Cursiva (Grupo Editorial Penguin Random House)
En el equipo de subtitulación de TED, Khan Academy y Mooji en Español
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